Hay realidades que pese a nuestros esforzados empeños por invizibilisarlas, saltan a la vista. Es el caso de la vida de las personas transgénero, quienes constantemente se han encontrado en situaciones de estigmatización y vulneración por parte de una sociedad conservadora y obstinada, renuente a todo aquello que le haga repensarse a sí misma, y a lo que tiene por bueno y tradicional.
En tanto los trans ostentan orgullos, una identidad de género diferente a la que, les fue asignada sobre factores biológicos, culturales, etc. Se convierten en individuos subversivos que nos obligan a aceptar que los roles de lo masculino y lo femenino no son más que constructos artificiosos, disposiciones sociales, que poco o nada tienen de naturales y en contraposición se estructuran a través de la afiliación que el sujeto hace con uno de ellos.
Son estas personas pues, terroristas del género, que al transgredir los usos o tradiciones de culturas que insisten en permanecer anquilosadas e incambiables, se hacen al rechazo y la persecución, por el temor que genera en los individuos aquellos, que es nuevo o diferente. Así, actores estatales como la Policía, e ilegales como los autoproclamados “Grupos de Limpieza Social”, someten a los personas de esta población a tratos humillantes y denigrantes, que muchas veces desembocan incluso en el asesinato.
Pero la victimización no se detiene allí, se les priva de oportunidades y garantías para desarrollarse dentro de la sociedad, viéndose forzadas muchas veces a actividades como la prostitución, para poderse ganar el sustento. Y sobre esa situación creamos un imaginario que asocia a las personas transgénero con la delincuencia, la indecencia y la drogadicción, tratándolas como peligrosas y agresivas, omitiendo claramente que fuimos nosotros quienes las empujamos a tal realidad.
Pero no todo es drama, pese a que intentemos desconocerlo, individuos trans superan estas condiciones y logran destacarse a nivel local, regional e incluso global, como políticos, miembros del espectáculo, académicos, defensores de los derechos humanos, artistas, y por qué no, como encarnaciones de la virtud, en otras palabras vírgenes y santas.
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